Vida del colegio

Fiesta del Beato Manuel Domingo y Sol, fundador del Pontifício Colegio Español de San José de Roma

La comunidad del Pontificio Colegio Español de San José de Roma se viste de alegría celebrando un año más la fiesta del Beato Manuel Domingo y Sol, fundador de esta institución y de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, quienes desde 1892, han llevado la dirección de esta casa siguiendo con ello la inspiración original de Mosén Sol, para quien el Colegio habría de ser para los sacerdotes que aquí se formaran “…un Cenáculo, desde donde partan, después, unidos por el lazo de la fraternidad y del patriotismo, para formar una red de reparadores que promuevan la gloria de Dios por todos los ámbitos de España”. Estas palabras, este sueño, no han caído en terreno estéril, sino que han arraigado, crecido y dado fruto abundante por más de 130 años.

Para conmemorar esta fiesta, el Pontificio Colegio Español ha organizado una serie de actos para agradecer el legado del Beato Manuel Domingo y Sol y animarnos, como comunidad formativa, a llevar adelante este proyecto que apuntala de modo especial la necesidad de ofrecer un espacio de formación integral para los sacerdotes de España y de otros rincones de Hispanoamérica. Esta vez, hemos comenzado la celebración de esta fiesta el día  sábado 27 a las 19:00, hora de Roma, con el extraordinario concierto de piano ejecutado por el maestro Vicente Ariño Pellicer, quien fuera alumno del Colegio Seminario Menor de San Valero de Zaragoza, donde estudió y se formó en sus primeros pasos en la música bajo la guía de los padres operarios. En el concierto titulado Musica di ieri e di oggi, D. Vicente nos ha ofrecido una exquisita presentación de piezas comenzando con algunas suites de Bach seguidas de tres piezas de música histórica aragonesa  y culminando con una serie de variaciones de Chopin. Al concierto han asistido, además de la comunidad de colegiales, un gran número de invitados, encabezados por la embajadora de España ante la Santa Sede, Doña Isabel Celaá, representantes de diferentes instituciones, dicasterios, colaboradores, trabajadores, bienhechores y amigos de esta casa

D. Carlos Comendador, rector de este Pontificio Colegio nos recordaba: “…que la belleza del arte es un camino para acercarnos a Dios. El papa Benedicto XVI, que también era buen pianista, declaró: “La música puede abrir las mentes y los corazones a la dimensión del espíritu y lleva a las personas a levantar la mirada hacia lo Alto, a abrirse al Bien y a la Belleza absolutos, que tienen en Dios su fuente última.” Culminado el concierto hemos compartido un agradable momento de fraternidad entorno a la mesa, alegrándonos así por el don que el Señor nos ha ofrecido en Don Manuel.

La celebración de la fiesta litúrgica tuvo lugar este pasado 29 de enero. La Solemne Eucaristía estuvo presidida por D. Luis De Diego, secretario general de la Hermandad de Sacerdotes Operarios del Corazón de Jesús. En su homilía, nos invitaba a considerar elementos esenciales de nuestra vocación de pastores:

«Si miramos a nuestro alrededor es obvio que vemos y percibimos, con todos los sentidos, una sociedad que grita por la necesidad de pastores. ¿Pero percibimos eso mismo con nuestro interior, con nuestro ser y con nuestra espiritualidad... ¿Percibimos que esa sociedad “extenuada y abandonada” está pidiendo a gritos pastores que no les traigan más cansancios y más cargas? Por eso digo que la prisa de Dios no es el salir rápidamente al mundo, a la pastoral; la prisa de Dios es el que seamos pastores con el corazón de su Hijo Jesucristo. Culminaba D. Luis De Diego su homilía citando al Beato Manuel Domingo y Sol quien, al referirse a la sociedad cansada y agobiada de su tiempo, y de todos los tiempos, exhortaba a los sacerdotes a acrecentar esa relación personal con el Buen Pastor, fundamento de nuestra identificación con Él y sus sentimientos:

«Ofrecedle, hoy y para siempre, vuestro corazón, vuestras pasiones, todo cuanto pueda halagaros en la vida. Sentimientos de gratitud por ser llamados para ser un día vuestros brazos altares de Jesús, para comunicarlo a las almas por medio de vuestros ministerios. Propósitos de sacrificar hasta vuestra vida, si es preciso, trabajando por el bien y salvación de las almas. Si estos sentimientos le ofrecéis a Jesús, el Señor aceptará el tributo de acción de gracias, prenda de otras que os concederá. Pedidle que os conforte en los caminos inciertos de vuestra juventud y de vuestra vocación, y que bendiga esta casa». (Beato Manuel Domingo y Sol; Escritos I, 3º, 52).